En la edición anterior, publicamos el artículo “Bancos y grupos económicos afilan los colmillos”, en el que reseñamos brevemente las enormes ganancias que los bancos obtuvieron en el primer semestre de este año (2.400 millones de dólares, con un alza de 38,5% respecto al mismo periodo 2013, según la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras -SBIF-), al mismo tiempo que los especialistas declaran que Chile ha entrado en un proceso de sostenida desaceleración económica.
Para profundizar en las causas de esta paradójica situación, conversamos con el economista José Cademártori, quien repasó el turbio historial de la industria bancaria en Chile, además de ofrecernos su visión sobre la Reforma Tributaria y otras medidas similares que deben tomarse para fortalecer la regulación de las ganancias del sector financiero, con el objetivo de disminuir la carga sobre los usuarios y reducir la desigualdad. Cademártori, quien fue diputado en cuatro periodos consecutivos representando al Partido Comunista en los años 60, ocupando en 1973 el cargo de Ministro de Economía en el gobierno de la Unidad Popular, hoy es un fiel colaborador de El Siglo, por lo que nos recibe alegremente en su casa en la comuna de Ñuñoa, consciente de la importancia del tema que nos convoca: “Sería un tremendo acto de justicia ir frenando los altos costos que para la población tiene esta supuesta modernidad, reflejada en las enormes ganancias de los bancos, las isapres y las AFP”.
Para comenzar nuestra conversación, el economista cree imprescindible aclarar los alcances de la desaceleración económica que afecta a nuestro país. Para él, la disminución en el ritmo de crecimiento, más allá del manejo político que ha hecho la derecha para poner freno a las reformas impulsadas por el gobierno de la Nueva Mayoría, tiene causas muy claras, ya que es un fenómeno que se veía venir desde hace tiempo.
“En primer lugar, la desaceleración, porque no se puede hablar de recesión, era esperada desde hace mucho, desde antes del gobierno de Piñera, pero sucede que no se notó en el gobierno de Piñera porque éste tuvo un impulso artificial. Ya el terremoto del 2010 planteó la necesidad de la reconstrucción. Piñera realizó una Reforma Tributaria para cubrir estos gastos, pero fue una reforma muy egoísta porque la estableció nada más que para su gobierno: subió el impuesto a la renta por cuatro años, por lo que este año, si no hubiera habido Reforma Tributaria, volveríamos a ser lo que éramos hace cuatro años atrás”, dice Cademártori, explicando las causas internas que contribuyeron a la desaceleración.
Otro factor interno que el economista identifica es el hecho de que las empresas mineras se pusieron a la espera de lo que iba a hacer este gobierno: “Es un hecho objetivo que las empresas mineras frenaron una serie de proyectos a la espera de las reformas que iba a implementar Michelle Bachelet, pero es algo normal: cuando se produce un cambio de gobierno siempre hay cierta cautela”.
En ese sentido, Cademártori respalda las cifras que han planteado otros especialistas como los del Banco Central, quienes bajaron su proyección del crecimiento económico al rango de 1,75% y 2,25%, una variación considerable respecto al 4,1% de crecimiento del PIB que tuvo el país el año pasado. También el Fondo Monetario Internacional recortó su pronóstico de 3,6% a 3,2% para este 2014, cifras que para el economista no son demasiado preocupantes, pues insiste en que esta desaceleración era esperada por las autoridades del gobierno desde hace tiempo.
“Aparte de las causas internas, hay que considerar los factores externos, como la baja progresiva del precio del cobre, pero sobre todo se debe tomar en cuenta el hecho de que la recuperación económica de los países centrales se ha demorado mucho, eso es un dato objetivo. Se pensaba que en cuatro años desde el punto pick de la crisis, que fue el 2008-2009, iba a estar la economía bullente, y no ha sucedido así. Estados Unidos ha crecido, con mucho optimismo cerca del 2%, y Europa ha estado estancada. Son dos mercados que se han contraído y por lo tanto no demandan lo que demandaban antes”, concluye Cademártori, insistiendo en que éstos son factores objetivos que nada tienen que ver con el programa de Michelle Bachelet.
En ese contexto, al ser interrogado por el rol que la Reforma Tributaria ha tenido en este escenario económico, el economista es tajante en señalar que “no hay reforma más anunciada que ésta”, razón por la cual los empresarios debieron ser capaces de un mínimo análisis que les permitiera enfrentar cualquier aumento de los impuestos.
“Más allá del interés político de la derecha por echar abajo la reforma, los empresarios sabían que lo único que podían hacer era internalizar la reforma e incluirla en sus cálculos. Sabían que ésta se concentraba en las ganancias, no se tocaba mayormente el IVA, como se hizo en la reforma de Japón (porque cada vez que se toca el IVA la economía se viene para abajo). El FMI reconoció recientemente que la reforma era muy apropiada, porque Chile tenía una carga sobre las empresas muy baja, y que ésta contribuía a una mejor distribución de los ingresos”, sentencia Cademártori.
A esto agrega que “de todas formas, los empresarios creen que pueden domesticar a la presidenta, y ella, a mi juicio, ha hecho demasiados gestos para tranquilizar a los empresarios nacionales o extranjeros, por razones políticas, pero no ha renunciado, y la reforma tributaria ha salido más o menos como se esperaba, cumpliéndose en sus puntos fundamentales, salvo por el tema del FUT, que se reemplaza por un “Futito”, como dijo el diputado Lorenzini, que es una puerta de escape, una salida que se le dio al empresariado. Los abogados de las grandes empresas van a estudiar con lupa la ley para sacarle algún provecho, y digamos que ésa es la principal conquista de la derecha”.
Crecimiento desregulado de los bancos
Reseñábamos en nuestra nota anterior, mencionada en el comienzo de este artículo, el hecho de que los bancos, pese a la desaceleración económica, aumentaron sus utilidades en un 38,5%, recaudando 2.423 millones de dólares respecto al mismo período 2013, siendo los tres con mayores utilidades Banco de Chile, Santander y BCI, seguidos por Corpbanca, BancoEstado, BBVA Chile, Scotiabank Chile, e Itaú Chile.
Señalábamos también que el más beneficiado en este período fue el Grupo Luksic, propietario del Banco de Chile, quien en un solo año aumentó su fortuna de 11.000 millones de dólares a 19.000 millones de dólares, ganancias que le permitieron saltar del puesto número 50 al puesto 27 en el ranking de los millonarios Forbes.
Esta situación ha sido analizada por distintos expertos, quienes intentan determinar las causas que se esconden tras estas cifras estratosféricas. Por ejemplo, Hernán Calderón, presidente de la Corporación Nacional de Consumidores y Usuarios (Conadecus), dice que el alza en las ganancias del sector financiero se debe a las regalías que le da el Estado chileno, como la alta tasa de intereses, cuya tasa máxima anual está fijada en un 43,29%.
Existen otras versiones, como la de Estefan Larenas, presidente de la Organización de Consumidores y Usuarios de Chile (Odecu), quien dice que el problema está en la falta de movilidad del usuario de un banco a otro, o la del economista Andrés Solimano, que indica que esta situación se debe a la alta concentración de los bancos, pues sólo tres instituciones se quedan con 1.500 millones de dólares, lo que representa el 0,5% del PIB de Chile. “Los bancos tienen poco riesgo, en 30 años no ha quebrado ningún banco. La desaceleración parece que no golpea a todos de igual manera, esas ganancias van a los dueños del capital mientras la educación pública está descapitalizada”, dice Solimano.
Si bien Cademártori apoya estas visiones, su lectura del fenómeno bancario es más simple y por lo tanto ofrece una solución a corto plazo que permitiría, tal vez no generar ingresos tributarios para el Estado, pero sí favorecer a los consumidores.”La causa principal de las altísimas ganancias de los bancos”, dice el economista del PC, “aunque no es la primera vez que tienen ganancias extraordinarias, se debe principalmente a la expansión de las tarjetas de crédito, y a las facilidades tecnológicas que acarrean internet y la computación, que les han permitido operar sin la necesidad del dinero en efectivo, sobre la base del crédito”.
“Todos los que usan las tarjetas de crédito se están endeudando, y están pagando intereses, y además están pagando comisiones, que parecen muy chiquititas por persona, pero que a la larga suman. El mercado se ha expandido enormemente, todo el mundo tiene una tarjeta hoy día. Esa liberalidad en cuanto al cobro y manejo de las tarjetas es la causa principal de las ganancias de los bancos, que les ha permitido cobrar intereses cuando no tendrían por qué, intereses claramente excesivos, y recargar por operaciones que no han sido fiscalizadas -consultas de saldo, giros en cajeros automáticos- una cantidad de cobros que han ido inventando con la anuencia de los gobiernos anteriores”.
Para Cademártori, “sería un verdadero acto de justicia ir frenando los altos costos que para la población tiene esta supuesta modernidad. Lo mismo pasa con las Isapres, que también cobran excesivamente una serie de recargas que no deberían cobrar. Lo de los bancos demuestra que hay diversos sectores monopólicos que tienen ganancias y perspectivas de expansión muy grandes, incluso fuera del país. Han utilizado la tecnología de una manera que era previsible, han reducido personal, tienen menos gastos que antes”.
Ahora bien, el economista insiste en que no debemos olvidar el hecho de que en los años 80 el Estado chileno salvó a todos los bancos, y que incluso en los 90 a los Luksic se les dio un plazo de 40 años para pagar las deudas que tenían. “Desde la crisis del 82, el Estado entregó una serie de facilidades a los bancos, enormes sumas, y es por eso que esta crisis internacional no los pilló tan mal como en Europa, y porque además se reguló, o sea, no se desreguló como ellos hubieran esperado. Por eso la desaceleración no les afecta en sus ganancias”.
Modificaciones a la Ley General de Bancos
Cademártori señala que la evidente desregulación que existe en este sector hace urgente una modificación a la Ley General de Bancos, legislación que proviene del año 1985 y cuyos últimos cambios fueron hechos en el año 1997. Actualmente, la SBIF, liderada por el Superintendente Eric Parrado Herrera, junto al ministerio de Hacienda, están trabajando en un proyecto que actualiza la ley, con el objetivo de aplicar en Chile la norma Basilea III, acuerdo internacional que se aplica a las instituciones financieras (los Acuerdos de Basilea son recomendaciones sobre la legislación y regulación bancaria, emitidos por el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, que fundamentalmente “buscan establecer los requerimientos de capital necesarios para asegurar la protección de las entidades frente a los riesgos financieros y operativos”).
Sin embargo, Cademártori explica que no basta con actualizar la ley para aplicar el Basilea III, sino que la mayor urgencia es regular los cobros que los bancos les cargan a los clientes, modificación que si bien no genera ingresos tributarios favorece a los consumidores.
“Los empresarios dicen que no es bueno hablar de esto ahora, en medio de la desaceleración económica, porque podría encarecer los costos de los créditos. En ese sentido, lo mismo que en el caso de las isapres o las AFP, no se trata de sacarles impuestos, porque al final traspasarían el costo a los consumidores. Es una situación delicada, que se vio también en el contexto de la Reforma Tributaria, que desde un comienzo se planteó como una reforma de tipo general, sin cargarla a sectores específicos o ramas determinadas, por lo que de partida se excluyó por ejemplo el tema del cobre, que para nosotros sería indispensable, por lo menos una elevación del royalty. Una reforma tributaria específica para reducir las ganancias de los bancos sería complicada no sólo por el poder que tienen los bancos sino porque los demás sectores dirían ´bueno, luego nos tocará a nosotros`, y se generaría una resistencia mucho mayor”.
Fuente: El Siglo