Opinión | 10 Octubre 2019

Sucedió hace veinte años: “Las jubilaciones son bajas”

SUCEDIÓ HACE VEINTE AÑOS

 Por Alicia Gariazzo, Directora de Conadecus

El lunes 1 de diciembre de 2002 el dentista Nicolás Vásquez de 79 años y su esposa, la profesora Hilda Césped de 81, fueron encontrados muertos. Se supone que decidieron su muerte por las graves enfermedades que los aquejaban y el alto costo que debían pagar por sus tratamientos médicos.

Al mismo tiempo, los afiliados de Vida Plena, la Isapre quebrada el 2003 por los manejos ilegales de los directivos de Inverlink, reclamaban que no se les daba atención, pese a que en agosto de 2001 había salido la ley que obligaba a las Isapres a devolver el dinero de sus afiliados en caso de quiebra. El miércoles 3 de diciembre del 2002 los médicos protestaban contra el Plan Auge por representar una forma encubierta de terminar de privatizar la salud y luego siguieron protestando porque las Isapres podrán mandarle clientes a los hospitales.

Las Isapres, pese a que en 2001 tuvieron una rentabilidad sobre el patrimonio de un 21,3%, cada vez rechazan más atender a los viejos y a los realmente enfermos. Sus afiliados han disminuido de 1.700.000 en 1997 a 1.250.000 en 2002, pero las utilidades solo bajaron a 10.000 millones de pesos anuales. En cualquier caso, pocos ancianos pueden costear los costos de los planes de las Isapres que aumentan a medida que envejecemos. La mayoría de los mayores de 60 años no puede enfrentar su costo dado el nivel de las jubilaciones existentes.

Las jubilaciones son bajas, pero, además, la tendencia es que cada vez menos adultos mayores tengan acceso a una porcentualmente, ya que estos aumentan en cantidad aceleradamente.

En el año 2000, los mayores de 60 años eran 1.550.000 y en el 2020 serán 3.003.000. Mientras la población entre 15 y 59 años, supuestamente apta para trabajar, constituirá en ambos años un 61% de la población, los mayores de 60 pasarán de un 10% de la población en 2000 a un 16% de esta en 2020.

Los chilenos que en 2002 recibían algún tipo de pensión eran los siguientes:

Pensiones entregadas por las AFP.

Beneficiario                                 Pensión Promedio

109.804   jubilados                                         $112.830

159.888   jubilados anticipados                       171.638

28.423    inválidos totales                              151.745

3.701    inválidos parciales              119.242

61.208    viudas                                                92.142

59.699    huérfanos                                           31.909

422.723    Beneficiarios Totales

Fuente: SAFP, 2002

El IPS, según el sistema antiguo, entregaba a 886.626 jubilados pensiones promedio de $106.000, 371.941 pensiones asistenciales de $37.000 y 43.000 pensiones no contributivas a exonerados de un promedio de $90.000.

Pese a que estos montos corresponden a promedios, es fácil deducir que la gran mayoría de las pensiones (exceptuando las pensiones asistenciales) se sitúa alrededor de la pensión mínima que está fijada en $70.000, pensión con la que evidentemente no puede costear una ISAPRE ni una enfermedad grave o terminal.

Por otra parte, los cotizantes de las AFP tienden a disminuir, debido a la precariedad del mercado laboral y a la estrechez del mercado formal. A medida que se intensifique la llamada flexibilidad laboral, se haga aún más generalizada “la externalización” a través de la cual han conservado sus rentabilidades las grandes empresas y se disminuya el Estado, el mercado formal se hará más estrecho y por tanto habrá menos cotizantes. [1]

“Para los expertos, es preocupante esta baja densidad de cotizaciones y el último informe de la OCDE sobre la economía chilena alerta que si esta tendencia no se revierte, los afiliados recibirán pensiones relativamente bajas”, comenta El Mercurio del 3 diciembre de 2002. El artículo agrega que los supuestos con que se construyó el sistema hace 23 años no coincidieron con la realidad. Pero, en lo que no se equivocaron los creadores del sistema fue en las ganancias de los empresarios que se metieron en este negocio. Entre 1996 y 2001, las AFP han tenido una rentabilidad promedio sobre el capital de 21%. Junto al sistema financiero y las ISAPRE  este ha sido el mejor negocio en Chile en los últimos 20 años, aún en los momentos de mayor recesión.

Si los expertos consideran que las pensiones tenderán a bajar, siendo ya bajas, y los fondos de pensiones no tienen la misma rentabilidad que las AFP (solo 5,8% en el período 96-2001*) es legítimo pensar que aún para los jubilados que cuentan  con las más altas pensiones, el acceso a la salud será a lo menos difícil. Nadie habría esperado años atrás que un dentista y una profesora se vieran impedidos de costear sus tratamientos médicos.

Si esa es la situación de los ancianos que cuentan con una pensión ¡qué pueden esperar los que no la tienen!, sea por haber sido beneficiados por la “flexibilidad” o “adaptabilidad laboral” trabajando por hora y sin capacidad de negociar ni salarios ni cotizaciones, por haber trabajado con empresarios que no pagaron sus cotizaciones como el Supermercado EGAS del diputado Carlos Hidalgo, por trabajar por cuenta propia y nunca contar con un salario que les permitiera cotizar, por haber sido temporera, desempleado, modista trabajando a domicilio con pago a destajo para los grandes almacenes, o dueña de casa.

Esos viejos, en un mañana que será mucho más dura que las del presente, no tendrán alternativas. Los hijos de la mayoría estarán demasiado ocupados en financiar sus propias Isapres, AFP y educación de los hijos, (que nadie quiere que en su adultez sufran lo mismo que sus abuelos), para hacerse cargos de sus viejos y sus enfermos como otrora ocurrió.

La tensión de la vida moderna y la estrechez de la vivienda no permiten el cuidado de ancianos longevos. En el campo desapareció la familia extendida que permitía el inquilinato o los trabajadores permanentes. El desarrollo del capitalismo agrario multiplica la adaptabilidad laboral en todas las formas del trabajo temporal o por faena e incluso los que tienen trabajo no cuentan con lugares fijos para vivir. Tampoco ya hay lugar para los viejos en el campo.

La soledad, la enfermedad y la pobreza de la nueva vejez larga que nos ha traído la modernidad, obligará a que muchos, para no destruir la vida de hijos y nietos, tengan que tomar el camino del matrimonio Vásquez a quienes, con dolor, les rindo un homenaje.

[1] En esa fecha aún no se consideraba la disminución de puestos de trabajo que traeb consigo las nuevas tecnologías

Publicado por
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