El precio internacional del petróleo volvió a superar los US$100 por barril, en medio de la creciente tensión en Medio Oriente y las dificultades que enfrenta el transporte de crudo por rutas estratégicas para el comercio mundial.

Durante este miércoles, el petróleo Brent —referencia internacional para los mercados— llegó a ubicarse en torno a los US$100 por barril, impulsado principalmente por la escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán y la incertidumbre respecto del tránsito de petróleo por el estrecho de Ormuz, por donde circula una parte importante del suministro energético mundial.
La situación genera preocupación en Chile, debido a que el país depende de los mercados internacionales para abastecerse de combustibles. Un aumento sostenido del precio del petróleo puede ejercer presión sobre el valor de las gasolinas y el diésel, afectando directamente a los consumidores y también a los costos de transporte y distribución.
De hecho, los precios de paridad publicados por ENAP muestran que durante las últimas semanas se han registrado variaciones importantes. Para el 3 de septiembre, el precio de paridad alcanzaba los US$927,61 por metro cúbico para la gasolina de 93 octanos, US$997,48 para la gasolina de 97 y US$1.192,29 para el diésel.
¿Qué podría pasar con las bencinas en Chile?
El escenario internacional aumenta la posibilidad de nuevas alzas en los precios de los combustibles. De acuerdo con estimaciones difundidas esta semana, las gasolinas podrían registrar un incremento cercano a $35 por litro, mientras que el diésel podría experimentar un aumento considerablemente mayor.
Sin embargo, el precio que finalmente pagan los consumidores no depende únicamente de la cotización internacional del petróleo. También influyen factores como el tipo de cambio, los costos de importación, los precios de los productos refinados y el funcionamiento del mecanismo de estabilización de precios de los combustibles.
El impacto podría extenderse más allá de quienes utilizan vehículos particulares. Un aumento de los combustibles puede elevar los costos del transporte de pasajeros y de carga y, con ello, generar presiones adicionales sobre el precio de distintos bienes y servicios.
Este escenario se produce además en un momento en que el IPC registró un aumento de 0,6% durante agosto y alcanzó una variación anual de 4,1%, con transporte y alimentos entre las divisiones que más incidieron en el resultado.
Desde la perspectiva de los consumidores, será importante seguir la evolución de los precios internacionales y verificar cómo estas variaciones se trasladan efectivamente a los valores que pagan las personas en las estaciones de servicio.
CONADECUS continuará monitoreando la evolución de los precios de los combustibles y sus efectos sobre el presupuesto de las familias chilenas.